Persuasión
Persuasión La imperiosa necesidad de ocultar su inquietud la obligaba a mantener una lucha denodada consigo misma, y al cabo de unos instantes comprendió que había llegado al límite de su resistencia. Empezó a perder la noción de cuanto la rodeaba, a no enterarse de lo que los otros decían, y al fin se vio obligada a retirarse con el pretexto de una indisposición. En ese momento todos advirtieron que presentaba síntomas inequívocos de enfermedad, se alarmaron, y por nada del mundo se separarían de su lado. ¡Aquello era espantoso! Si se hubieran marchado, dejándola a sus anchas en la habitación, el alivio y la calma no se habrían hecho esperar, pero, lejos de ello, se agolpaban en torno a ella y la fatigaban con preguntas importunas, por lo que resolvió regresar a su casa.
—Desde luego, querida —exclamó Mrs. Musgrove—, váyase a casa e intente reponerse para estar bien esta tarde. Lástima que no se encuentre aquí Sarah, pues seguramente le indicaría algún remedio; pero a mí no se me ocurre nada. Charles, encárgate de que traigan un coche.