Persuasión
Persuasión La oposición fundamentada en estas convicciones era demasiado poderosa para que Anne se sintiese con ánimo suficiente para combatirla. A pesar de su juventud y de su carácter dócil y sumiso, cabía la posibilidad de que osara desafiar a su padre, quien contaba con el firme apoyo de Elizabeth. Pero la intervención amable y tenaz de Mrs. Russell, a quien Anne tanto amaba y en quien confiaba ciegamente, acabó por persuadirla de que aquel noviazgo era una cosa disparatada, improcedente y de muy dudoso éxito. Al darlo por terminado, sin embargo, no atendió a un sentimiento de espontánea cautela, pues si en lugar de consultar a su bondad hubiera pedido consejo a sus propios anhelos, difícilmente lo habría dejado. La creencia de que su abnegada y prudente resolución redundaba sobre todo en beneficio del muchacho era el único consuelo para el dolor que le causaba aquella ruptura definitiva. Y cierto es que necesitaba que la consolasen, porque le era muy difícil apartar de su pensamiento las quiméricas explicaciones que él se habría forjado al percibir la sinrazón de semejante proceder, y no podía olvidar la amargura y las lágrimas del amante ofendido y abandonado.