Persuasión
Persuasión La verdad de lo ocurrido en ese penoso episodio de la historia familiar era que Mr. y Mrs. Musgrove habían tenido la mala suerte de engendrar un hijo trapisondista y desquiciado y la buena de haberlo perdido antes de que cumpliese veinte años, luego de que la enviaran a servir en la marina por ser estúpido e ingobernable en tierra. La familia se ocupó muy poco de él durante un tiempo, lo que se tenía bien merecido, y rara vez se supo de él, a quien apenas se echó de menos hasta que llegó a Uppercross la noticia de su muerte ocurrida en el extranjero hacía dos años.
En realidad, aunque ahora hiciesen por él cuanto podían llamándolo «¡pobre Dick!», nunca fue otra cosa que un muchacho torpe, insensible e inútil que ni vivo ni muerto supo conquistar otra gloria que la de aquel diminutivo.
Estuvo algunos años en el mar, y a vuelta de esos cambios de empleo a que están sujetos todos los marinos mediocres, sobre todo aquellos de quienes el capitán desea desembarazarse, pasó seis meses en la fragata Laconia, del capitán Wentworth. Y fue entonces cuando, gracias a la influencia de éste, escribió las dos únicas cartas que recibieron sus padres durante su ausencia; es decir, las dos únicas cartas desinteresadas, porque todas las demás no fueron sino peticiones de dinero.