Persuasión
Persuasión —Eso fue sólo la impresión del primer momento —contestó Anne—. Ya no te pondrás nerviosa. Me atrevo a asegurar que no habrá motivo de alarma. He entendido perfectamente las prescripciones de Robinson, y no temo nada. Pero Mary, la verdad es que la actitud de tu esposo no me extraña. Cuidar a los chicos no es para hombres. Un niño enfermo debe estar bajo la atención de su madre; los sentimientos de ésta asà lo imponen.
—Creo amar a mi hijo tanto como cualquier otra madre, pero no me parece que junto al lecho del enfermo sea más útil que Charles, porque no sirvo para reprenderlo o importunarlo en el estado en que se encuentra. En fin, ya recordarás lo que ocurrió esta mañana: bastaba que le dijera que se estuviese quieto para que empezara a agitarse. No están mis nervios para estas cosas.
—Pero ¿es posible que estuvieras tranquila toda la tarde separada del niño?
—SÃ; ¿acaso no puede estarlo su padre? Pues ¿por qué no yo? Jemina, que es tan cuidadosa, podrÃa enviarnos noticias de su estado. Ahora pienso que Charles bien podrÃa haber dicho a su padre que irÃamos todos. No siento por el niño mayor inquietud que mi esposo. Ayer me llevé un gran susto, pero hoy es muy distinto.
—Bueno, pues si no te parece tarde para avisar y fueras con tu marido dejando el niño a mi cuidado, Mr. y Mrs. Musgrove lo aprobarÃan.