Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad Esa tarde se organizó una salida para ir al día siguiente a conocer un lugar muy agradable, distante unas doce millas de Barton y propiedad de un cuñado del coronel Brandon, sin cuya presencia no podía ser visitado dado que el dueño, que se encontraba en el extranjero, había dejado estrictas órdenes en ese tenor. Dijeron que el sitio era de gran belleza, y sir John, cuyos elogios fueron particularmente entusiastas, podía ser considerado un juez adecuado, porque al menos dos veces cada verano durante los últimos diez años había organizado excursiones para visitarlo. Había allí una noble cantidad de agua; un paseo en barca iba a constituir gran parte de la diversión en la mañana; se llevarían provisiones frías, sólo se emplearían carruajes abiertos, y todo se llevaría a cabo a la manera usual de una genuina excursión de placer.
Para unos pocos entre la concurrencia parecía una empresa algo audaz, considerando la época del año y que había llovido durante la última quincena. Elinor persuadió a la señora Dashwood, que ya estaba resfriada, de que se quedara en casa.