Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad La señora Dashwood estaba demasiado impactada para hablar, y en el mismo momento salió de la sala para entregarse a solas a la preocupación y alarma que tan repentina partida había suscitado en ella.
La inquietud de Elinor era al menos igual a la de su madre. Meditaba en lo ocurrido con ansiedad y desconfianza. El comportamiento de Willoughby al despedirse de ellas, su turbación y fingida alegría y, sobre todo, su renuencia a aceptar la invitación de su madre, una timidez tan ajena a un enamorado, tan ajena a lo que él mismo era, la preocupaban profundamente. Por momentos temía que nunca había habido de parte de Willoughby ninguna decisión seria; a continuación, que había ocurrido alguna lamentable disputa entre él y su hermana; la angustia que embargaba a Marianne en el momento en que salía de la habitación era tan grande, que una disputa seria bien podía explicarla; aunque cuando pensaba en cuánto lo quería ella, una pelea parecía algo casi imposible.
Pero, fueran cuales fuesen las circunstancias de su separación, la aflicción de su hermana era indudable, y Elinor pensó con la más tierna de las compasiones en esa desgarradora pena a la cual Marianne no sólo estaba dando curso como forma de aliviarla, sino también alimentándola y estimulándola como si ello fuera un deber.