Sentido y sensibilidad

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Su bochorno se hizo más intenso y, con los ojos fijos en el piso, se limitó a contestar:

—Es usted demasiado buena.

Sorprendida, la señora Dashwood miró a Elinor. Elinor sentía el mismo asombro. Durante algunos momentos todos se quedaron callados. La señora Dashwood fue la primera en hablar.

—Sólo me queda agregar, mi querido Willoughby, que en esta casa siempre será bienvenido; no lo presionaré para que vuelva de inmediato, porque usted es el único que puede juzgar hasta qué punto eso complacerá a la señora Smith; y en esto no estaré más dispuesta a discutir su decisión que a dudar de sus deseos.

—Mis compromisos actuales —replicó Willoughby en estado de gran confusión— son de tal naturaleza… que… no me atrevo a creerme merecedor…

Se detuvo. El asombro de la señora Dashwood le impedía hablar, y sobrevino una nueva pausa. Esta fue interrumpida por Willoughby, que dijo con una débil sonrisa:

—Es una locura demorar mi partida en esta forma. No me atormentaré más quedándome entre amigos de cuya compañía ahora me es imposible gozar.

Se despidió rápidamente de ellas y abandonó la habitación. Lo vieron trepar a su carruaje, y en un minuto se había perdido de vista.


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