Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad Elinor vio que sà era su letra, y no pudo seguir dudando. El retrato, se habÃa permitido creer, podÃa haber sido obtenido de manera fortuita; podÃa no haber sido regalo de Edward; pero una correspondencia epistolar entre ellos sólo podÃa existir dado un compromiso real; nada sino eso podÃa autorizarla. Durante algunos instantes se vio casi derrotada… el alma se le fue a los pies y apenas podÃa sostenerse; pero era obligatoriamente necesario sobreponerse, y luchó con tanta decisión contra la congoja de su espÃritu que el éxito fue rápido y, por el momento, completo.
—Escribirnos —dijo Lucy, devolviendo la carta a su bolsillo— es nuestro único consuelo durante estas prolongadas separaciones. SÃ, yo tengo otro consuelo en su retrato; pero el pobre Edward ni siquiera tiene eso. Si al menos tuviera mi retrato, dice que le serÃa más fácil. La última vez que estuvo en Longstaple le di un mechón de mis cabellos engarzado en un anillo, y eso le ha servido de algún consuelo, dice, pero no es lo mismo que un retrato. ¿Quizá le notó ese anillo cuando lo vio?
—Sà lo noté —dijo Elinor, con una voz serena tras la cual se ocultaba una emoción y una congoja mayores de cuanto hubiera sentido antes. Se sentÃa mortificada, turbada, confundida.