Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad El encandilamiento propio de un joven de diecinueve años bien pudo cegarlo a todo lo que no fuera la belleza y buen carácter de Lucy; pero los cuatro años siguientes, años que, si se los vive racionalmente, enriquecen tanto el entendimiento debían haberle abierto los ojos a las carencias de su educación; y el mismo período de tiempo, que ella vivió en compañía de personas de inferior condición y entregada a intereses más frívolos, quizá la había despojado de esa sencillez que alguna vez pudo haberle dado un sesgo interesante a su belleza.
Si cuando se suponía que era con Elinor que él quería casarse los obstáculos puestos por su madre habían parecido grandes, ¡cuánto mayores no debían ser ahora, cuando la persona con quien estaba comprometido era indudablemente inferior a ella en conexiones y, con toda probabilidad, inferior en fortuna! En verdad, estando el corazón de Edward tan desapegado de Lucy, quizá las exigencias sobre su paciencia no fueran demasiado grandes; ¡pero la melancolía no puede ser sino el estado natural de una persona que se siente aliviada ante las expectativas de oposición y la dureza de parte de la familia!