Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad Tras dar vueltas al asunto muy poco más, se decidió finalmente que aceptarÃan plenamente la invitación. Al enterarse, la señora Jennings dio grandes muestras de alegrÃa y les ofreció todo tipo de seguridades sobre su afecto y el cuidado que tendrÃa de las jóvenes. Y no sólo ella estaba contenta; sir John se mostró encantado, porque para un hombre cuya mayor ansiedad era el temor a estar solo, agregar dos más a los habitantes de Londres no era algo de despreciar. Incluso lady Middleton se dio el trabajo de estar encantada, lo que para ella era salirse un poco de su camino habitual; en cuanto a las señoritas Steele, en especial Lucy, nunca habÃan estado más felices en toda su vida que al saber esta noticia.
Elinor se sometió a los preparativos que contrariaban sus deseos con mucho menos disgusto del que habÃa esperado sentir. En lo que a ella concernÃa, ir o no a la ciudad ya no era asunto que le preocupase; y cuando vio a su madre tan plenamente contenta con el plan, y la dicha en el rostro, en la voz y el comportamiento de su hermana; cuando la vio recuperar su animación habitual e ir incluso más allá de lo que habÃa sido su alegrÃa acostumbrada, no pudo sentirse insatisfecha de la causa de todo ello y no quiso permitirse desconfiar de las consecuencias.