Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad —Claro, seguro, asà lo pensé. Bien, coronel, he traÃdo a dos jóvenes conmigo, como puede ver… quiero decir, puede ver sólo a una de ellas, pero hay otra en alguna parte. Su amiga, la señorita Marianne, también… como me imagino que no lamentará saber. No sé cómo se las arreglarán entre usted y el señor Willoughby respecto de ella. SÃ, es una gran cosa ser joven y guapa. Bueno, alguna vez fui joven, pero nunca fui muy guapa… mala suerte para mÃ. No obstante, me conseguà un muy buen esposo, y vaya a saber usted si la mayor de las bellezas puede hacer más que eso. ¡Ah, pobre hombre! Ya lleva muerto ocho años, y está mejor asÃ. Pero, coronel, ¿dónde ha estado desde que dejamos de vernos? ¿Y cómo van sus asuntos? Vamos, vamos, que no haya secretos entre amigos.
El coronel respondió con su acostumbrada mansedumbre a todas sus preguntas, pero sin satisfacer su curiosidad en ninguna de ellas. Elinor habÃa comenzado a preparar el té, y Marianne se vio obligada a volver a la habitación.
Tras su entrada el coronel Brandon se puso más pensativo y silencioso que antes, y la señora Jennings no pudo convencerlo de que se quedara más rato. Esa tarde no llegó ningún otro visitante, y las damas estuvieron de acuerdo en irse a la cama temprano.