Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad El coronel Brandon, invitado permanente a la casa, las acompañaba casi todos los días; venía a contemplar a Marianne y a hablar con Elinor, que a menudo disfrutaba más de la conversación con él que con ningún otro suceso diario, pero al mismo tiempo veía con gran preocupación cómo persistía el interés que mostraba por su hermana. Temía incluso que fuera cada vez más intenso. Le apenaba ver la ansiedad con que solía observar a Marianne y cómo parecía realmente más desalentado que en Barton.
Alrededor de una semana después de su llegada, fue evidente que también Willoughby se encontraba en la ciudad. Cuando llegaron de la salida matinal, su tarjeta se encontraba sobre la mesa.
—¡Ay, Dios! —exclamó Marianne—. Estuvo aquí mientras habíamos salido.
Elinor, regocijándose al saber que Willoughby estaba en Londres, se animó a decir:
—Puedes confiar en que mañana vendrá de nuevo.
Marianne apenas pareció escucharla, y al entrar la señora Jennings, huyó con su preciosa tarjeta.