Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad Este suceso, junto con levantarle el ánimo a Elinor, le devolvió al de su hermana toda, y más que toda su anterior agitación. A partir de ese momento su mente no conoció un momento de tranquilidad; sus expectativas de verlo en cualquier momento del dÃa la inhabilitaron para cualquier otra cosa. A la mañana siguiente insistió en quedarse en casa cuando las otras salieron.
Elinor no pudo dejar de pensar en lo que estarÃa pasando en Berkeley Street durante su ausencia; pero una rápida mirada a su hermana cuando volvieron fue suficiente para informarle que Willoughby no habÃa aparecido por segunda vez. En ese preciso instante trajeron una nota, que dejaron en la mesa.
—¡Para mÃ! —exclamó Marianne, yendo apresuradamente hacia ella.
—No, señorita; para mi señora.
Pero Marianne, no convencida, la tomó de inmediato.
—En verdad es para la señora Jennings. ¡Qué pesadez!
—Entonces, ¿esperas una carta? —dijo Elinor, incapaz de seguir guardando silencio.
—¡SÃ! Un poco… no mucho.
—No confÃas en mà —dijo Elinor, tras una corta pausa.
—¡Vamos, Elinor! ¡Tú haciendo tal reproche… tú, que no confÃas en nadie!