Sentido y sensibilidad

Sentido y sensibilidad

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Finalmente él giró nuevamente y las miró a ambas; Marianne se levantó y, pronunciando su nombre con voz llena de afecto, le extendió la mano. Él se acercó, y dirigiéndose más a Elinor que a Marianne, como si quisiera evitar su mirada y hubiera decidido ignorar su gesto, inquirió de manera apresurada por la señora Dashwood y le preguntó cuánto tiempo llevaban en la ciudad. Elinor perdió toda presencia de ánimo ante tal actitud y no pudo decir palabra. Pero los sentimientos de su hermana salieron de inmediato a la luz. Se le enrojeció el rostro y exclamó con enorme emoción en la voz:

—¡Santo Dios! Willoughby, ¿qué significa esto? ¿Acaso no has recibido mis cartas? ¿No me darás la mano?

No pudo él seguir evitándola, pero el contacto de Marianne pareció serle doloroso y retuvo su mano por sólo un instante. Era evidente que durante todo este tiempo luchaba por controlarse. Elinor le observó el rostro y vio que su expresión se hacía más tranquila. Tras una breve pausa, Willoughby habló con calma.

—Tuve el honor de ir a Berkeley Street el martes pasado, y sentí mucho no haber tenido la suerte de encontrarlas a ustedes y a la señora Jennings en casa. Espero que no se haya extraviado mi tarjeta.


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