Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad No habían permanecido allí durante mucho rato cuando Elinor se percató de la presencia de Willoughby, que se encontraba a unas pocas yardas de distancia en entusiasta conversación con una joven de aspecto muy elegante. Muy pronto se cruzaron sus miradas y él se inclinó de inmediato, pero sin mostrar intenciones de hablarle o de acercarse a Marianne, aunque no habría podido dejar de verla; y luego continuó su conversación con la misma joven. Elinor giró hacia Marianne casi involuntariamente para ver si podía habérsele pasado por alto. Recién en ese momento ella lo vio, y con el rostro iluminado por una súbita dicha se habría acercado a él de inmediato si su hermana no la hubiera detenido.
—¡Santo cielo! —exclamó—. Está aquí, está aquí. ¡Oh! ¿Por qué no me mira? ¿Por qué no puedo ir a hablar con él?
—Por favor, por favor contrólate —exclamó Elinor—, y no traiciones tus sentimientos ante todos los presentes. Quizá todavía no te ha visto.
Esto, sin embargo, era más de lo que ella misma podía creer, y controlarse en un momento como ése no sólo estaba fuera del alcance de Marianne, iba más allá de sus deseos. Se quedó sentada en una agonía de impaciencia, patente en cada uno de sus rasgos.