Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad Elinor acogió estas palabras con profundo agradecimiento, asistida también por la certeza de que el conocimiento de lo ocurrido serÃa de importante provecho para Marianne.
—Para mà han sido más dolorosos —dijo— los esfuerzos de Marianne por liberarlo de toda culpa que ninguna otra cosa, porque eso la altera más de lo que puede hacer una cabal convicción de su indignidad. Aunque al principio sufra mucho, estoy segura de que muy pronto encontrará alivio. Usted —continuó—, ¿ha visto al señor Willoughby desde que lo dejó en Barton?
—Sà —replicó él gravemente—, una vez. Era inevitable encontrarme con él una vez.
Elinor, sobresaltada por su tono, lo miró inquieta, diciendo:
—¡Cómo! ¿Se encontró con él para…?
—No podÃa ser de otra manera. Eliza me habÃa confesado, aunque muy a desgana, el nombre de su amante; y cuando él volvió a la ciudad, quince dÃas después de mÃ, nos citamos para encontrarnos, él para defender su conducta, yo para castigarla. Retornamos indemnes, y asà el encuentro nunca se hizo público.
Elinor suspiró ante lo fantasioso e innecesario de todo ello, pero tratándose de un hombre y un soldado, pretendió no desaprobarlo.