Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad Elinor pensaba con extrañeza cómo Lucy podÃa sentirse tan ensalzada por las muestras de cortesÃa de la señora Ferrars; cómo podÃan cegarla tanto sus intereses y vanidad como para hacerla creer que la atención que se le prestaba únicamente porque no era Elinor, era un cumplido dirigido a ella… o para permitirle sentirse animada por una preferencia que sólo se le otorgaba por desconocimiento de su verdadera condición. Pero que asà era no sólo lo habÃan manifestado en ese momento los ojos de Lucy, sino que al dÃa siguiente se hizo más claro aún: obedeciendo a sus deseos, lady Middleton la dejó en Berkeley Street con la esperanza de ver a Elinor a solas, para contarle lo feliz que era.
La ocasión resultó ser propicia, porque muy luego después de su llegada un mensaje de la señora Palmer hizo salir a la señora Jennings.
—Mi querida amiga —exclamó Lucy en cuanto estuvieron solas—, vengo a hablarle de cuán feliz soy. ¿Hay acaso algo más halagador que la forma en que ayer me trató la señora Ferrars? ¡Qué extremadamente amable fue! Usted sabe cuánto temÃa yo la sola idea de verla; pero apenas le fui presentada, su trato fue tan afable que casi parecÃa haberse prendado de mÃ. ¿Verdad que asà fue? Usted lo vio todo; ¿y no la dejó totalmente sorprendida?
—En verdad fue muy cortés con usted.