Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad —¡Cortés! ¡Cómo puede haber visto sólo cortesÃa! Yo vi mucho más… ¡una amabilidad dirigida a nadie más que a mÃ! Ningún orgullo, ninguna altanerÃa, y lo mismo su cuñada: ¡toda dulzura y afabilidad!
Elinor habrÃa querido hablar de otra cosa, pero Lucy la seguÃa presionando para que reconociera que tenÃa motivos para sentirse tan feliz, y Elinor se vio obligada a continuar.
—Sin duda, si hubieran sabido de su compromiso —le dijo—, nada podrÃa ser más halagador que la forma en que la trataron; pero no siendo ése el caso…
—Me imaginé que dirÃa eso —replicó Lucy con prontitud—; pero por qué razón la señora Ferrars iba a aparentar que yo le gustaba, si no era asÃ… y agradarle es todo para mÃ. No podrá privarme de mi satisfacción. Estoy segura de que todo terminará bien y que desaparecerán todos los obstáculos que yo preveÃa. La señora Ferrars es una mujer encantadora, al igual que su cuñada. ¡Las dos son adorables! ¡Me sorprende no haberle escuchado nunca decir cuán agradable es la señora Dashwood!
Para esto Elinor no tenÃa alguna respuesta que dar, y no intentó ninguna.
—¿Está enferma, señorita Dashwood? Parece abatida, no habla… con toda seguridad no se siente, bien.
—Nunca mi salud fue mejor.