Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad —Bien, señorita Dashwood —dijo la señora Jennings con una sonrisa sagaz apenas se hubo ido el caballero—, no le preguntarĂ© lo que le ha estado diciendo el coronel, pues aunque, por mi honor, intentĂ© no escuchar, no pude evitar oĂr lo suficiente para entender lo que Ă©l pretendĂa. Le aseguro que nunca en mi vida he estado más contenta, y le deseo de todo corazĂłn que ello la alegre.
—Gracias, señora —dijo Elinor—. Es motivo de gran alegrĂa para mĂ, y siento que hay una gran sensibilidad en la bondad del coronel Brandon. No muchos hombres actuarĂan como Ă©l lo ha hecho. ¡Pocos tienen un corazĂłn tan compasivo! En toda mi vida habĂa estado tan asombrada.
—¡Buen Dios, querida, qué modesta es usted! A mà no me extraña en absoluto, porque ahora último he pensado muchas veces que era muy probable que ocurriera.
—Usted juzgaba a partir de la benevolencia general del coronel; pero al menos no podĂa prever que la oportunidad se presentarĂa tan pronto.
—¡La oportunidad! ¡Ah! En cuanto a eso, una vez que un hombre se ha decidido en estas cosas, se las arreglará de una u otra forma para encontrar una oportunidad. Bien, querida, la felicito nuevamente; y si alguna vez ha habido una pareja feliz en el mundo, creo que pronto sabré dónde buscarla.