Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad —Muy bien, y para la siguiente postulación a un beneficio de ese valor, suponiendo que el último titular haya sido viejo y de mala salud, y lo fuera a dejar vacante luego, podrÃa haber conseguido, digamos, mil cuatrocientas libras. ¿Y cómo es posible que no arreglara ese asunto antes de que muriera esta persona? Por supuesto, ahora es muy tarde para venderlo, ¡pero alguien con el juicio del coronel Brandon! ¡Me extraña que haya sido tan poco previsor en algo por lo que es tan usual, tan natural preocuparse! Bien, estoy convencido de que casi todos los seres humanos tienen enormes incongruencias. Pensando en ello, sin embargo, supongo que esto puede ser lo que ha ocurrido: Edward mantendrá el beneficio hasta que la persona a quien el coronel realmente ha vendido la postulación tenga la edad suficiente para hacerse cargo de él. SÃ, sÃ, es lo que ha ocurrido, puedes estar segura.
Elinor lo contradijo, sin embargo, terminantemente; y lo obligó a aceptar su autoridad en la materia contándole que el coronel Brandon le habÃa encomendado a ella transmitir su ofrecimiento a Edward y, por tanto, tenÃa que entender bien los términos en que habÃa sido hecho.
—¡Es en verdad asombroso! ¿Y qué motivo habrá tenido el coronel para hacerlo?
—Uno muy sencillo: ayudar al señor Ferrars.