Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad Dos deliciosas caminatas vespertinas al tercer y cuarto dÃa de su estancia allÃ, no sólo por la grava seca entre los arbustos sino por todo el lugar, y especialmente por los rincones más alejados, donde habÃa algo más de vida silvestre que en el resto, donde los árboles eran más añosos y la hierba más larga y húmeda, habÃan producido en Marianne con la ayuda de la enorme imprudencia de quedarse con las medias y los zapatos mojados puestos un resfrÃo tan violento que, aunque durante un dÃa o dos ella intentó restarle importancia o negarlo, terminó por imponerse a través de malestares cada vez mayores, hasta no poder seguir siendo ignorado ni por ella misma ni por el interés de los demás. De todos lados le llovieron recetas que, como siempre, fueron rechazadas. Aunque se sentÃa débil y afiebrada, con los miembros adoloridos, tos y la garganta áspera, un buen sueño durante la noche la sanarÃa por completo; y fue con bastantes dificultades que Elinor pudo persuadirla, cuando se fue a la cama, de probar uno o dos de los remedios más sencillos.