Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad —SÃ, pero mi único crédito es haber copiado servilmente frases que me avergonzaba firmar. El original fue enteramente de ella, sus propias felices ideas y gentil redacción. Pero ¿qué podÃa hacer yo? Estábamos comprometidos, estaban preparando todo, casi habÃan fijado la fecha… pero hablo como un necio. ¡Preparaciones! ¡Fecha! Hablando sinceramente, necesitaba su dinero, y en una situación como la mÃa tenÃa que hacer cualquier cosa para evitar un rompimiento. Y después de todo, ¿qué importancia podÃa tener para la opinión de Marianne y sus amigos sobre mi carácter, el lenguaje en que estuviera formulada mi respuesta? DebÃa servir a un solo propósito. TenÃa que mostrarme como un villano, y poco importaba que lo hiciera con una venÃa o una bravuconada. «Mi reputación ante ellas está arruinada para siempre», me dije; «estoy para siempre proscrito de su lado; ya me creen un individuo sin principios, esta carta se limitará a hacerlas creerme un sinvergüenza». Tales eran mis razonamientos mientras, en una especie de desesperada indiferencia, copiaba las palabras de mi esposa y me separaba de las últimas reliquias de Marianne. Sus tres cartas, desgraciadamente las guardaba en mi cartera, o habrÃa podido negar su existencia y conservarlas como un tesoro para siempre. Debà incluirlas, y ni siquiera pude besarlas. Y el mechón de su cabello, también lo habÃa llevado siempre conmigo en mi cartera, que ahora la señora registraba con la más cautivante virulencia… Ese querido mechón… todo, cada recuerdo me fue arrancado.