Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad —¡Ah, mi amor! No podÃa ahà hablar de esperanzas ni para él ni para mÃ. Marianne podÃa estar muriendo en ese momento. Pero él no pedÃa que le dieran esperanzas ni que lo animaran. Lo que hacÃa era una confidencia involuntaria, un desahogo irreprimible frente a una amiga capaz de consolarlo, no una petición a una madre. Aunque después de algunos momentos, porque en un comienzo me sentÃa bastante abrumada, sà dije que si ella vivÃa, como confiaba en que ocurrirÃa, serÃa mi mayor felicidad promover el matrimonio entre ambos; y desde que llegamos, con la maravillosa seguridad que desde ese momento tenemos, se lo he repetido de diversas maneras, lo he animado con todas mis fuerzas. El tiempo, le digo, un poco de tiempo, se encargará de todo; el corazón de Marianne no se va a desperdiciar para siempre en un hombre como Willoughby. Sus propios méritos pronto deberán ganárselo.
—A juzgar por el ánimo del coronel, sin embargo, no ha logrado contagiarle su optimismo.