Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad La enfermedad de Marianne, aunque muy debilitante por naturaleza, no había sido tan larga como para demorar su recuperación; y su juventud, su natural energía y la presencia de su madre la facilitaron de tal manera, que ya a los cuatro días de haber llegado la señora Dashwood pudo trasladarse al saloncito de la señora Palmer. Una vez allí, ella misma solicitó que enviaran por el coronel Brandon, pues estaba impaciente por agradecerle haber traído a su madre.
La reacción del coronel al entrar a la habitación, al ver cuánto había cambiado el aspecto de Marianne y al recibir la pálida mano que de inmediato le extendió, hizo pensar a Elinor que la enorme emoción que mostraba debía nacer de algo más que su afecto por ella o de saber que los demás estaban al tanto de sus sentimientos; y pronto descubrió en su tristeza y en la forma en que había cambiado de color al mirar a su hermana, la probable reproducción en su memoria de incontables escenas de angustia vividas en el pasado, vueltas a vivir por esa semejanza entre Marianne y Eliza de que ya había hablado, y ahora reforzada por los ojos hundidos, la piel sin vida, su aspecto de postrada debilidad y el cálido reconocimiento de una deuda especial con él.