Sentido y sensibilidad

Sentido y sensibilidad

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Para la señora Dashwood, no menos atenta que su hija a lo que ocurría pero con ideas que iban por muy diferentes rumbos y, por tanto, a la espera de muy distintos efectos, el comportamiento del coronel se originaba en las más simples y obvias sensaciones, mientras en las palabras y gestos de Marianne quería ver el nacimiento de algo más que mera gratitud.

Después de uno o dos días, con Marianne recuperando visiblemente las fuerzas de doce en doce horas, la señora Dashwood, impulsada tanto por sus propios deseos como por los de su hija, comenzó a hablar de volver a Barton. De las medidas que ella tomara dependían las de sus dos amigos: la señora Jennings no podía dejar Cleveland mientras estuvieran allí las Dashwood, y el coronel Brandon, obedeciendo al pedido unánime de todas ellas, debió considerar su permanencia como sujeta a los mismos términos, si no igualmente indispensable. A su vez, en respuesta al pedido conjunto de la señora Jennings y del coronel, la señora Dashwood debió aceptar el carruaje de éste en su viaje de regreso, por la comodidad de su hija enferma; y el coronel, frente a la invitación de la señora Dashwood y la señora Jennings, cuyo diligente buen carácter la hacía ser amistosa y hospitalaria en nombre de otras personas tanto como en el propio, se comprometió gustoso a recuperarlo haciendo una visita a la casita de Barton en el curso de algunas semanas.


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