Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad La señora Dashwood la habrÃa interrumpido de inmediato con consoladora ternura, si Elinor, que realmente deseaba escuchar la opinión imparcial de su hermana, no le hubiera demandado silencio con un gesto impaciente. Marianne continuó lentamente:
—Es un gran alivio para mà lo que Elinor me dijo en la mañana: he escuchado exactamente lo que deseaba escuchar —durante algunos momentos se le apagó la voz; pero, recuperándose, siguió hablando, y más tranquila que antes—: Con ello me doy por completo satisfecha. No deseo que nada cambie. Nunca habrÃa podido ser feliz con él después de saber todo esto, como tarde o temprano lo habrÃa sabido. Le habrÃa perdido toda confianza, toda estima. Nada habrÃa podido evitar que sintiera eso.
—¡Lo sé, lo sé! —exclamó su madre—. ¡Feliz con un hombre de conducta libertina! ¿Con uno que asà habÃa roto la paz del más querido de nuestros amigos y el mejor de los hombres? ¡No, un hombre como ése jamás habrÃa podido hacer feliz el corazón de mi Marianne! En su conciencia, en su sensible conciencia habrÃa pesado todo lo que debiera haber pesado en la de su marido.
Marianne suspiró, repitiendo:
—No deseo que nada cambie.