Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad —Juzgas todo esto —dijo Elinor— exactamente como debe juzgarlo una persona de mente capaz y recto entendimiento; y me atrevo a decir que encuentras (al igual que yo, y no sólo en ésta sino en muchas otras circunstancias), motivos suficientes para convencerte de que el matrimonio con Willoughby te habrÃa traÃdo muchas inquietudes y desilusiones en las que te habrÃas visto con escaso apoyo de un afecto que, de su parte, habrÃa sido muy incierto. Si se hubieran casado, habrÃan sido siempre pobres. Incluso él mismo se reconoce inmoderado en sus gastos, y toda su conducta indica que privarse de algo es una frase ausente en su vocabulario. Sus demandas y tu inexperiencia juntas, con un ingreso muy, muy pequeño, los habrÃan puesto en apuros que no por haberte sido completamente desconocidos antes, o no haber pensado nunca en ellos, te serÃan menos penosos. Sé que tu sentido del honor y de la honestidad te habrÃa llevado, al darte cuenta de la situación, a intentar todos los ahorros que te parecieran posibles; y quizá, mientras tu frugalidad disminuyera sólo tu bienestar, podrÃas haberla resistido, pero más allá de eso (y, ¿qué podrÃa haber hecho hasta el mayor de tus esfuerzos aislados para detener una ruina que habÃa comenzado antes de tu matrimonio?), más allá de eso, si hubieras intentado, incluso de la forma más razonable, limitar sus diversiones, ¿no habrÃa sido de temer que en vez de inducir a alguien de sentimientos tan egoÃstas para que consintiera en ello, habrÃas terminado por debilitar tu influencia en su corazón y hacerlo arrepentirse de la unión que le habÃa significado tales dificultades?