Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad Elinor comenzó a impacientarse por tener algunas noticias de Edward. No había sabido nada de él desde su partida de Londres, nada nuevo sobre sus planes, incluso nada seguro sobre su actual lugar de residencia. Se habían escrito algunas cartas con su hermano a causa de la enfermedad de Marianne, y en la primera de John venía esta frase: «No sabemos nada de nuestro infortunado Edward y nada podemos averiguar sobre un tema tan vedado, pero lo creemos todavía en Oxford». Esa fue toda la información sobre Edward que le proporcionó la correspondencia, porque en ninguna de las cartas siguientes se mencionaba su nombre. No estaba condenada, sin embargo, a permanecer demasiado tiempo en la ignorancia de sus planes.
Una mañana habían enviado a su criado a Exeter con un encargo; y a su vuelta, mientras servía a la mesa, respondía a las preguntas de su ama sobre los resultados de su cometido. Entre sus informes ofreció voluntariamente el siguiente:
—Supongo que sabe, señora, que el señor Ferrars se ha casado.