Sentido y sensibilidad

Sentido y sensibilidad

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Marianne tuvo un violento sobresalto, clavó su mirada en Elinor, la vio ponerse pálida y se dejó caer en la silla presa del histerismo. La señora Dashwood, cuyos ojos habían seguido intuitivamente la misma dirección mientras respondía a la pregunta del criado, sintió un fuerte impacto al advertir por el semblante de Elinor la magnitud de su dolor; y un momento después, igualmente angustiada por la situación de Marianne, no supo a cuál de sus hijas prestar atención primero.

Advirtiendo tan sólo que la señorita Marianne parecía enferma, el criado fue lo bastante sensato para llamar a una de las doncellas, la cual la condujo a otra habitación ayudada por la señora Dashwood. Para ese entonces Marianne ya estaba mejor, y su madre, dejándola al cuidado de Margaret y de la doncella, volvió donde Elinor, que aunque todavía se encontraba muy descompuesta, había recuperado el uso de la razón y de la voz lo suficiente para haber comenzado a interrogar a Thomas sobre la fuente de su información. La señora Dashwood se hizo de inmediato cargo de esa tarea y Elinor pudo beneficiarse de la información sin el esfuerzo de tener que ir tras ella.

—¿Quién le dijo que el señor Ferrars se había casado, Thomas?


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