Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad —Con mis propios ojos vi al señor Ferrars, señora, esta mañana en Exeter, y también a su señora, la que fue señorita Steele. Estaban ahà parados frente a la puerta de la posada New London en su coche, cuando yo fui con un mensaje de Sally, la de la finca, a su hermano, que es uno de los postillones. Justo miré hacia arriba cuando pasaba al lado del coche, y asà vi de frente que era la más joven de las señoritas Steele; asà que me saqué el sombrero y ella me reconoció y me llamó, y preguntó por usted, señora, y por las señoritas, especialmente la señorita Marianne, y me encargó que le enviara sus respetos y los del señor Ferrars, sus mayores respetos y atenciones, y les dijera cuánto sentÃan no tener tiempo para venir a visitarlas, pero tenÃan prisa en seguir porque todavÃa les faltaba un buen trecho por recorrer, pero de todas maneras a la vuelta se asegurarÃan de pasar a verlas.
—Pero ¿ella le dijo que se habÃa casado, Thomas?
—SÃ, señora. Se sonrió y dijo que habÃa cambiado de nombre desde la última vez que habÃa estado por estos lados. Siempre fue una joven muy amistosa y de trato fácil, y muy bien educada. Asà que me tomé la libertad de desearle felicidades.
—¿Y el señor Ferrars estaba con ella en el carruaje?