Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad —SÃ, señora, justo lo vi sentado ahÃ, echado para atrás, pero no levantó los ojos. El caballero nunca fue muy dado a conversar.
El corazón de Elinor podÃa explicar fácilmente por qué el caballero no se habÃa mostrado; y la señora Dashwood probablemente imaginó la misma razón.
—¿No habÃa nadie más en el carruaje?
—No, señora, sólo ellos dos.
—¿Sabe de dónde venÃan?
—VenÃan directo de la ciudad, según me dijo la señorita Lucy… la señora Ferrars.
—¿Pero iban más hacia el oeste?
—SÃ, señora, pero no para quedarse mucho. Volverán luego y entonces seguro que pasan por aquÃ.
La señora Dashwood miró ahora a su hija, pero Elinor sabÃa bien que no debÃa esperarlos. Reconoció a Lucy entera en el mensaje, y tuvo la certeza de que Edward nunca vendrÃa por su casa. En voz baja le observó a su madre que probablemente iban donde el señor Pratt, cerca de Plymouth.
Thomas parecÃa haber terminado sus informes. Elinor parecÃa querer saber más.
—¿Los vio partir antes de irse?
—No, señora; ya estaban sacando los caballos, pero no pude quedarme más; temÃa atrasarme.
—¿ParecÃa estar bien la señora Ferrars?