Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad Su belleza varonil y más que común gracia se hicieron instantáneamente tema de generalizada admiración, y las risas a costa de Marianne que despertó su galanterÃa recibieron particular estÃmulo de sus atractivos externos. Marianne misma habÃa visto menos de su apariencia que el resto, porque la confusión que enrojeció su rostro cuando él la levantó le habÃa impedido mirarlo después de que entraron en la casa. Pero habÃa visto lo suficiente de él para sumarse a la admiración de las demás, y lo hizo con esa energÃa que siempre adornaba sus elogios. En apariencia y aire era exacto a lo que su fantasÃa habÃa siempre atribuido al héroe de sus relatos favoritos; y el haberla cargado a casa con tan poca formalidad previa revelaba una rapidez de pensamiento que en forma muy especial despertaba en ella un ánimo favorable a él. Todas las circunstancias que le eran propias lo hacÃan interesante. TenÃa un buen nombre, su residencia estaba en el villorrio que preferÃan por sobre los demás, y muy luego Marianne descubrió que de todas las vestimentas masculinas, la más sentadora era una chaqueta de caza. BullÃa su imaginación, sus reflexiones eran gratas, y el dolor de un tobillo torcido perdió toda importancia.