El rancho del crimen
El rancho del crimen Se estremeció al recordarlo. Pete se sintió invadido de una profunda tristeza a la vista de aquella hermosa muchacha cuyos ojos mostraban angustia actual. Virginia no protestaba en voz alta, pero la emoción no protestaba en voz alta, pero la emoción que la embargaba apareció en sus pálidas mejillas de las que parecía haber huido la sangre.
Pete vió sentarse a la muchacha e hizo lo mismo frente a ella.
—Por lo menos, miss Virginia, he podido comprobar que el Slash C, es el cuartel general de una cuadrilla de bandidos —le dijo—. Ha llegado a convertirse en una especie de rancho del crimen.
—¡Un rancho del crimen! —repitió la muchacha.
Pete asintió con un movimiento de cabeza.
—Crea usted que me alegro de que Gentry haya deseado que usted lo abandonase. Podían ocurrir cosas horribles en cualquier momento.
Pete había empezado a mascar un trozo de goma; luego pensó que tal vez no era aquello lo más correcto delante de una señorita. Su experiencia de la vida había sido completa, pero sabía poco de la psicología femenina.
—¿Querría hacer el favor de decirme, miss Calvert —preguntó—, lo que sabe acerca de su padrastro Lon Brenford? Hay para mí muchos misterios en estos días y creo que Lon Brenford forma parte de ellos.