El rancho del crimen
El rancho del crimen —Slapjack lo llevó a Broken Arrow —contestó el cowboy, con voz temblorosa—. Miss Virginia... ya sé que las palabras significan muy poco... ahora, pero puede creerme que siento lo que está pasando como cosa propia... Yo daré... ¡Pardiez! ¡Yo daré mi vida con gusto por salvarla a usted de... de todo esto!
Algo confuso y aturdido por su muestra de emoción, Johnny Boot descendió de la galería y se dirigió hacia las viviendas de la servidumbre, llevando de la diestra a su ruano.
El galante español acompañó a la muchacha hasta una hamaca colgada del porche y Virginia se dejó caer en ella más muerta que viva. No pareció darse cuenta de que el brazo de aquel hombre seguía rodeando su cintura.
Tenía Virginia los ojos secos. Aquella exquisita muchacha, rubia como el oro, no era de esas mujeres que se abandonan al dolor irreflexivamente y, sin embargo, el suyo era aún más hondo, precisamente por no poder exteriorizarlo con libertad.
El anciano Hal Wheeler había ido a Broken Arrow solo. La muchacha había insistido en que le acompañasen para su salvaguardia Johnny Boot y “Slapjak” Kerlew, pero Wheeler tomó a risa sus temores, alegando que un hombre solo despertaría menos sospechas.