El rancho del crimen
El rancho del crimen La muchacha se tambaleó como si fuera a caerse. Los brazos del gigantesco español rodearon su cintura para sostenerla. Johnny Boot galopó hasta entrar en el corral del rancho, detuvo en seco su montura, saltó a tierra y corrió hacia la galería.
Hablaba con la confianza del hombre que ha pasado en el rancho toda su vida, desde los primeros años de la infancia, pero no había familiaridad en sus maneras. La luz de la luna iluminó su rostro moreno, tostado por el sol, mientras manoseaba entre sus manos su amplio sombrero de cowboy.
—Preferiría no tener que darle tan malas noticias, miss Virginia —dijo—. Tres tiros le han dado al pobre Hal. Hemos encontrado señales de que el crimen lo ha cometido un montonero. Enviaré a los muchachos a perseguirle. ¡Hemos de registrar de punta a punta el país hasta encontrar a ese canalla!
—¿Y el dinero? —preguntó el español.
—¡Robado! ¡Hasta el último céntimo!
El rostro de Virginia Calvert se obscureció. Dominó a duras penas su emoción y preguntó, con voz ronca:
—¿Dónde está el cuerpo de Hal?