El rancho del crimen
El rancho del crimen El color de su piel indicaba la pura raza castellana y cuando hablaba lo hacÃa con un acento especial.
—Perdóneme otra vez, miss Virginia. —dijo—, si vengo a molestarla. Creo que se preocupa usted sin motivo. Lo más verosÃmil es que Wheeler se haya entretenido más de la cuenta en la ciudad... ¡Ah!
No acabó la frase porque se acababa de oÃr el chocar de cascos sobre el camino de Broken Arrow.
—JurarÃa que es el mismo Wheeler ya de regreso —continuó, después de escuchar un momento, y sus labios entreabiertos en su sonrisa dejaron ver una doble hilera de dientes blanquÃsimos—. Tendré que agradecerle el que me haya proporcionado la ocasión de haber disfrutado una hora entera en su agradable compañÃa. De no ser asÃ, me hubiera visto obligado a tomar mi medicina acostumbrada: jugar al póker con esos...
Virginia esbozó una sonrisa al oÃrle, pero las muestras de ansiedad no habÃan desaparecido de sus ojos, que examinaron con avidez al jinete que acababa de aparecer en una revuelta el camino y se acercaba a galope hacia la casa. Y su rostro nublóse de nuevo. No podÃa aún distinguir sus facciones, pero desde luego pudo comprobar que no era Hal Wheeler, ni aquel era su caballo. Un segundo después la voz potente de Johnny Boot vino hasta ella a través de la obscuridad.
—¡Malas noticias, miss Virginia!