El rancho del crimen
El rancho del crimen EL CUCHILLO EN LA ESPALDA
La noche había envuelto ya el rancho de Slash C. En un manto tenebroso, pero una luna temprana iluminó la casa principal del rancho y sus dependencias accesorias.
Virginia, la propietaria de la finca, permanecía en pie, asomada a la galería, escudriñando en las sombras el camino que llevaba a la ciudad de Broken Arrow.
En su hermoso rostro se pintaba la ansiedad que le dominaba en aquellos instantes. De cuando en cuando sus dientes marfileños mordían su fino labio inferior y el temor se reflejaba a intervalos en sus lindos ojos.
Poco antes creyó oír unos tiros hacia el extremo Sur de la finca, aunque algo amortiguados por la distancia, y se acordó de Hal Wheeler —“tío Hal”,— que debía estar de regreso con el importe de la venta del ganado. Al oír las detonaciones envió a dos de sus vaqueros a hacer una descubierta.
Un hombre alto, gallardo, moreno, llegó hasta la casa del rancho. Vestía con gallardía el traje usual de los jinetes del país. Sus ojos latinos brillaban encendidos al aproximarse a Virginia. Aquel hombre debía ser español, era en todo diferente al tipo corriente de los mejicanos, que solían poblar los alrededores del Slash C.
