El rancho del crimen
El rancho del crimen —Luego, ¿tú les oÃstes también? —preguntó prestamente Emmett—. ¿Reconociste sus voces?
—¡Puedes estar seguro! Eran Pete Rice y sus dos comisarios. He oÃdo sus voces otras veces. ¿No te acuerdas? Estaban en el cuartel de Hondo anteayer. Yo creÃa que eran personas decentes. ¡Bandidos, coyotes!
—He visto suceder cosas muy extrañas, pero esta es la más repugnante que recuerdo —dijo Emmett.
La cerilla estaba a punto de consumirse y encendió otra. Alzó la luz y examinó la cara del hombre a quien llevara al hombro durante una parte del trayecto. Luego dejó caer la cerilla y le tocó en el lado izquierdo del pecho.
HabÃa estado llevando un cadáver. HabÃa sido una noche terrible para los hombres de la Patrulla de la Frontera.
Una claridad incierta empezaba a notarse hacia el Este.
—Está amaneciendo —dijo Emmett—. Cuando la claridad sea más intensa, podré ver si encuentro un caballo. Podremos llegar los dos hasta el cuartel, y Pete Rice y sus comisarios acabarán en la horca. ¡Ahora deben estar muy confiados en los vagones con los contrabandistas de chinos!. ¡Pero ya veremos!