El rancho del crimen
El rancho del crimen En cuanto llegó a la ciudad sometió a Pete a un interrogatorio. Le interrogaba como pudiera hacerlo un juez, y cortaba impaciente sus contestaciones cuando no se ajustaban rigurosamente a sus preguntas.
—¡LimÃtese a contestar categóricamente a mis preguntas! —le dijo autoritario—. No piense intentar convencerme de nada.
Y al hablar asà miraba a otra parte indiferente.
—Tal vez se figuraba usted encontrar otro tratamiento más benévolo... por ser Pistol Pete Rice.
Y añadió entre diente, tras una breve pausa:
—Se le tratará a usted como a otro criminal cualquiera.
Se paseaba ante la celda como una fiera enjaulada.
—¿Pero quiere usted explicarme qué es todo este lÃo, capitán? —preguntó tranquilamente Pete.
—¡Que es usted un asesino! ¡Eso es todo! —bufó Early—. Usted y sus hombres han asesinado a mis muchachos... a mis soldados de la Patrulla de la Frontera, Usted...
—¿No estará usted rematadamente loco por casualidad, capitán? —preguntó Pete con indiferencia irritante—. CreÃa que tenÃa usted más sentido común y que no se creerÃa de buenas a primeras una enormidad semejante.
La expresión frÃa, furibunda del capitán Early no cambió en nada ante este exabrupto.