El rancho del crimen
El rancho del crimen —¡DespuĂ©s de cuanto hemos hecho por este Estado! —gruñĂa—. ¡Por todos los diablos! ¡Si salimos con bien de Ă©sta, lo mejor que podemos hacer es marcharnos lo más lejos posible, fuera de un paĂs como Ă©ste!
Pete le contestĂł filosĂłficamente.
—Las gentes que se disgustan y maldicen el mundo, compañero, no han de olvidar una cosa: que el mundo se olvidará de ellos. No “Miserias”, debemos de aclarar este error antes de que ellos se olviden del mundo, y creo que todo quedará explicado satisfactoriamente en cuanto venga el capitán Early.
Pero cuando llegĂł el capitán, lejos de arreglase todo, lo que hizo fue empeorarse. Early era un hombre de unos cuarenta años. TenĂa una boca dura, cubierta en parte por un bigote recortado, grisáceo, que acentuaba aĂşn más aquĂ©lla dureza caracterĂstica bajo su nariz de halcĂłn. Su mandĂbula parecĂa un granito y sus ojos azules tenĂan centelleos acerados.
Pete no le conocĂa personalmente, pero habĂa oĂdo hablar de Ă©l. El sheriff conocĂa a los hombres, y al ver a aquel, comprendiĂł que era un hombre duro, pero recto. Early tenĂa una fidelidad probada de la Patrulla de la Frontera. Para sus subordinados era a la vez un jefe y un padre.