El rancho del crimen
El rancho del crimen —No es la primera vez que oigo hablar de hombres que viven dos vidas distintas al mismo tiempo, pero usted ha llegado al lÃmite. Si ha creÃdo que me va a engañar y que va a obtener de mà misericordia en recuerdo de su cargo oficial, debe usted desengañarse. Ha habido otras autoridades que han faltado antes que usted a sus deberes, incluso gobernadores de los Estados. Mi obligación es castigar a los criminales, sean quienes fueren y perseguirÃa por ese delito hasta a mi propio hermano, si llegase a convertirse en coyote.
—Capitán, alguien ha tramado todo esto contra nosotros. Soy yo quien se lo dice —insistió Pete, impaciente—. Esto ha sido una maquinación odiosa. Por lo menos que sepa yo cómo ha adquirido usted la seguridad de que hemos cometido el delito de que se nos acusa.
Pete tuvo que hacer un gran esfuerzo para lograr que el capitán Early le contase lo que habÃa sucedió la noche anterior. Y cuando Early habló al fin, contando la trágica historia que los supervivientes le contaron a él, su enjuto rostro habÃa adquirido el color de la púrpura.
—¡Y eran unos hombres valeroso! ¡El cabo Santee era el mejor de todos, aunque los otros también eran bravos, gente sin miedo y sin tacha!
Continuando su relato, habló de las voces que oyeron sus hombres durante la pelea con los contrabandistas.