El rancho del crimen
El rancho del crimen —Los soldados Emmett y Randolph oyeron vuestras voces —dijo ya fuera de s×. Antes de ahora, en Hondo, le habÃan oÃdo hablar a usted y conocÃan el timbre de su voz, y juran y perjuran que usted estaba en uno de los vagones del tren. Su dedo se tendió acusador hacia Pete al añadir:
—Y no sólo le oyeron a usted, sino a sus dos comisarios, Hicks y Butler. Les llamó usted a los dos por su nombre. TemÃa usted que se escaparan los hombres de la Patrulla y mandó que los destruyeran, y creyó que, efectivamente, los habÃan destruido. La evidencia de aquellas voces, Rice, será su condenación. ¡Se lo aseguro!
Pete Rice sintió que un escalofrÃo recorrÃa su espina dorsal y no era porque tuviese miedo de perder la vida. HabÃa visto muchas veces la cara de la muerte, para que fuera a asustarse ahora de su proximidad pero ¡ir a la muerte con el nombre deshonrado! ¡Él, Teeny y Hicks, acusados como... asesinos! ¡La sangre de tan bravos hombres vertida como criminales y haciendo execrable su memoria!