El rancho del crimen
El rancho del crimen Pete llevó el cuerpo inerte de aquel hombre hasta un lugar obscuro y le registró para quitarle las armas que pudiera llevar. No encontró ninguna, pero halló en los bolsillos de aquel individuo una colección variada de objetos, mejor dicho, una desconcertante colección.
El fin de algunos de ellos era demasiado evidente. Había varios paquetes de cocaína, morfina y un material hipodérmico completo. El infortunado Reynal era un apasionado de las drogas, al mismo tiempo que un borracho impenitente. Su mismo rostro, desfigurado por los estragos del vicio, lo demostraba bien a las claras.
Pero lo que el sheriff no pudo explicarse en los primeros momentos era por qué llevaba también encima un frasco de cloroformo y tres tubos tapados con tapones de corcho, en uno de los cuales podían verse mosquitos vivos.
Lo primero que debía hacerse, evidentemente, era confiar a Reynal a la custodia de Teeny y “Miserias”. Pete solía llevar siempre esposas y cuerdas en sus bolsillos, pero éstos se los habían vaciado en la cárcel y no podía correr el riesgo de que Reynal recobrase el conocimiento mientras él estuviese investigando lo que hacía Vaughn.