El rancho del crimen
El rancho del crimen Los cowboys ayudaron a Pete a descargar a los dos prisioneros y a colocarlos en dos camillas, uno junto a otro, y escucharon con interés el relato que les hizo Pete de sus últimas aventuras.
—Bueno —dijo, al terminar, Johnny Boot—, si alguien viene a buscarle a usted aquÃ, sea o no de la Patrulla de la Frontera, tendrá que luchar con tres hombres.
Pete trató de protestar.
—No quiero meterles en un mal negocio, muchachos, —les dijo, juiciosamente—. No creo que los soldados de la Patrulla lleguen a dar con este refugio, puesto que persiguen las huellas de tres caballos, y no las de uno solo, peor si llegasen a venir, ustedes deben mantenerse aparte en este asunto. Es un mal negocio enfrentarse con la ley.
A pesar de todas sus observaciones, Johnny Boot y Slapjack estaban resueltos a defenderle. Aquel hombre, Pistol Pete Rice, era un amigo suyo. Era inocente de todo crimen y querÃan estar a su lado en cualquier acontecimiento que se produjera.
Y fue de este modo como Pete Rice se encontró todavÃa frente a otro problema, el de lanzar a aquellos dos admirables cowboys en contra de la legalidad. Lo único que podÃa esperar era que la singular situación de la cabaña evitase que los soldados de la patrulla diesen con ella en sus rebuscas.