El rancho del crimen
El rancho del crimen —Pero no era “Miserias” —continuó—. Era este mismo Vaughn. Tenía sospechas de mí e imitó la voz de mi comisario, para obligarme a hablar y comprobar si era o no sordomudo. Yo caí en la trampa al contestarle.
El capitán Early movió la cabeza como si aún se resistiese a darse por vencido. Era un hombre testarudo, muy difícil de convencer. Vaughn empezó a delirar de nuevo, pero las palabras que salían ahora de su garganta eran una verdadera jerigonza. Su voz se hizo más fuerte, llegando casi a ser taladrante. Parecía aterrorizado por algo.
“ —¡Socorro!— chilló de una manera estridente. ¡Socorro!”
Orvin Reynal, que estaba en el lecho contiguo, se agitó nervioso y abrió los ojos. El viejo borrachín parecía ahora completamente sereno.
—¡Sí, pido socorro, Vaughn! —gruñó—. Veremos si alguien te lo presta.
Sus ojos se posaron en Pete Rice y luego en el capitán Early.
—¡Ha cogido usted a esa carroña! —dijo, con satisfacción—. ¡Me alegro! Seguramente iré a la horca con él, pero yo no le temo a la muerte. He sufrido ya mil muertes... en vida.
Sus ojos obsesionantes estaban animados por el odio y Pete Rice decidió servirse de aquel odio para obtener nuevas declaraciones.