El rancho del crimen
El rancho del crimen Tendido en el suelo, en la obscuridad. Pete había aplicado el oído a la pared y no perdía una sola palabra de la conversación. Oyóse a continuación la voz dura de Gentry:
—Siento mucho conocerla a usted en la desgracia, pero yo nunca empleo sentimientos en mis negocios. Pongo sólo mis obligaciones, y cada uno debe mirar su propio interés. He venido por mi dinero, siete mil dólares, o por el título de propiedad a mi nombre.
Pete oyó ahora la voz de otro hombre:
—Atendidas las circunstancias debía usted ser un poco flexible, Mr. Gentry, y emplear un poco de benevolencia en su táctica acostumbrada en los negocios. Si Miss Calvert pierde el rancho, se encuentra materialmente en medio de la calle.
La contestación de Gentry, indicó a Pete quién era el que acababa de hablar.
—Mr. Hegan —dijo la dura voz de Gentry—, usted ha sido el abogado de la familia Calvert durante muchos años. ¿Por qué no adelanta usted esa cantidad y salva el rancho?
Hubo algo de amargura en la contestación de Hegan:
—Si yo tuviese ese dinero lo adelantaría sin vacilación... ¡pero, desgraciadamente, no lo tengo!
—Entonces, vamos a terminar este asunto —dijo de nuevo la voz agria de Gentry—. No perdamos el tiempo en sensiblerías.