El rancho del crimen
El rancho del crimen —¿Y si ellos plantan pelea, qué hacemos? —preguntó “Miserias”.
—¡Pues entonces les plantáis batalla vosotros a ellos! —gruñó colérico McCarron—. No hay ley que se oponga a hacer un escarmiento con esos ladrones de ganado. ¡El menor de vuestros trabajos en Slash C. es el de hacer de niñeras hasta Hereford! Si hacéis un buen trabajo esta noche, encontraréis un modo de haceros una fortunita en poco tiempo.
—¡Al pelo! —le interrumpió Teeny Butler—. Precisamente hacer funcionar nuestros revólveres es nuestra especialidad.
—Pues entonces en marcha, y ya podéis encender la pipa —dijo McCarron en tono más amable—. A caballo, muchachos, y en marcha. Y ya contestaré a vuestras preguntas cuando hayáis acabado vuestro trabajo.
Los ojos de Pete Rice relumbraron en la obscuridad. ComprendiĂł lo que se proponĂa McCarron. El capataz enviaba fuera del rancho a unos supuestos bandoleros para asesinar a unos hombres honrados, que estaban en duda sobre si aquel ganado habĂa sido robado.
Pete siguiĂł las huellas que habĂan dejado los carros en el camino y al llegar a una milla de distancia de la casa principal del rancho se ocultĂł en un bosquecillo de algodoneros y celebrĂł allĂ una conferencia con sus dos comisarios.