El rancho del crimen
El rancho del crimen Comprobó que ni “Miserias” ni Teeny se habían dejado embaucar por las órdenes de McCarron, y que no tenían intención alguna de entablar una lucha con gentes honradas para defender un ganado procedente de robo.
—¿Y ahora qué tenemos que hacer, patrón? —preguntó “Miserias”—. Si no atacamos a esos hombres, McCarron creerá que no valemos para nada. Si los atacamos nos convertimos en asesinos.
—Encontraos con esos hombres y decidles la verdad de lo que ocurre y de quiénes sois vosotros. Rogadles que permanezcan ocultos y que no entorpezcan nuestra acción. Yo estoy por apostar que no han de pasar muchas horas, sea como sea, antes de que nosotros logremos descubrir...
Se detuvo de pronto sorprendido. Se había oído un crujido en la parte posterior del bosquecillo a pocos pies de distancia. El ruido podía haber sido producido por algún animal salvaje, o tal vez por algún espía del Slash C. Pete estaba inclinado a admitir esta última suposición.
El peligro avanzaba como un rayo sobre él y sobre sus dos comisarios. Un paso en falso cualquiera y los asesinos del Slash C. caerían sobre ellos como una manada de lobos.
Pero la preocupación de Pete Rice fue fugaz. Estar fuera de peligro o entro de él, era ya un hábito en aquel hombre y hierro.