El rancho del crimen
El rancho del crimen —¿Qué demonios estáis haciendo, muchachos? —preguntó tranquilamente, Teeny mientras alzaba los brazos—. No hemos venido aquà para merendar balas. ¿No estamos trabajando todos para el Slash C.?
El hombrecillo de los colmillos de roedor dio un paso adelante. Se habÃa echado hacia atrás el sombrero y los dos comisarios vieron su rostro completo por primera vez.
—¡Weasel Fenwick! —exclamó Teeny.
El gigantesco comisario acababa de reconocer a un bandido a quien el juez de la Quebrada del Buitre habÃa sentenciado a siete meses de cárcel.
Weasel Fenwick habÃa cumplido su condena, alimentando un odio furioso contra los comisarios, a los que habÃa jurado matar en cuanto estuviese libre.
Aquel tipo de cara de rata hizo una mueca feroz. Ahora tenÃa a sus jurados enemigos bajo el fuego de sus revólveres.
—¡Quitadles esos cacharros, muchachos! —ordenó a sus compinches.
Los comisarios fueron desarmados en el acto.
Fenwick rió burlonamente y alzó sus revólveres una pulgada más altos. En su rostro repugnante podÃa verse el gozo lujurioso de aquel momento de venganza.
—¡Os quedan tres segundos de vida! —dijo a sus prisioneros.