El trasgo del desierto
El trasgo del desierto —Las menos que puedo. Voy a dar una conferencia a mi hijo esta noche. Me lo llevo al Banco para enseñarle un método práctico de calcular... no el método que ha aprendido en la Universidad.
Aun alabó el «valor» de su hijo en la primera ocasión que se habÃa visto en una pelea.
—Aun se convertirá en un hombre de verdad —predijo—. Ahora se han acabado ya sus dÃas de escuela. Ya se ha divertido y gastado, aproximadamente, todo su dinero. Ahora puede ponerse a vivir con un sueldo pequeño y aprender el negocio de Banca. Le enseñaré a trabajar, aun cuando —tenga que hacerle quedarse toda la noche de hoy en el Banco. ¡SÃ, señor! ¡Toda la noche!
«Miserias» soltó un resoplido en cuanto se hubo marchado el banquero.
—Si logra meterle algo de sentido común a ese maniquà en la cabeza —dijo—, entonces me creo capaz de enseñarle a un carnero a que resuelva problemas de regla de tres.
Pete Rice salió a la puerta y contempló el cielo. «Miserias» se reunió con él.
—Me parece que cogeré algo de comer y me prepararé a tomar el tren correo hasta el Empalme —dijo—. Espero que no me perderé nada aquà durante mi ausencia.
El rostro del sheriff tenÃa una expresión dura.